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martes, 17 de enero de 2012
sábado, 10 de diciembre de 2011
Deplorando VI.
No tengo ni la más remota idea de neurología pero me dueles. Me lo dices por las noches, en pesadillas donde todas mis Jotas son la misma persona y no son ninguna.
Y si me dueles, que sea de estudiar, Cabeciña, que ahora he aprendido a añorar.
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J.,
JJ. que no J.
lunes, 28 de noviembre de 2011
martes, 22 de noviembre de 2011
ScienceFiction
Amigos que te secuestran: que te sacan de casa a tomar un café después de comer y con los que de pronto te ves cantando en un karaoke japonés, con síndrome de Estocolmo.
lunes, 21 de noviembre de 2011
La sed mortal.
Me besaste, o quizás te besé yo, y el alma se me quedó como se te queda la boca después de comer dieciséis sobaos pasiegos sin beber.
Y ahora necesito que me beses otra vez.
Y ahora necesito que me beses otra vez.
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viernes, 28 de octubre de 2011
Saco de boxeo.
Pensar en ti es volver a caerse de la bici, torcerse el tobillo, golpearse el codo, chocar el meñique del pie contra la esquina de la cama.
Se me hizo callo en el corazón con tantos golpes, y he estado limándolo, poquito a poquito, desde que nuestras camas están a mil kilómetros.
Ya no puedes hacerme daño. ¿Sabes qué? Ya casi no te extraño.
Se me hizo callo en el corazón con tantos golpes, y he estado limándolo, poquito a poquito, desde que nuestras camas están a mil kilómetros.
Ya no puedes hacerme daño. ¿Sabes qué? Ya casi no te extraño.
domingo, 9 de octubre de 2011
Saber latín.
Errare humanum est.
Qué catárquico resulta admitir la propia culpa, confesar el pecado ante Nadie y recibir de ese
Nadie el perdón para quedarte bien pulcra, bien inmaculada. Y como ya está todo dicho, os cuento que Dale Carnegie aseguró que hay un cierto grado de satisfacción en tener el valor de admitir los errores propios porque no sólo limpia el aire de culpa y actitud defensiva, sino que a menudo ayuda a resolver el problema creado por el error.
Puedo resumir la forma en la que resolvería el conflicto creado por mis faltas con una frase de Russell: "¿Para qué repetir los errores antiguos habiendo tantos errores nuevos que cometer?"
Pues eso.
Qué catárquico resulta admitir la propia culpa, confesar el pecado ante Nadie y recibir de ese
Nadie el perdón para quedarte bien pulcra, bien inmaculada. Y como ya está todo dicho, os cuento que Dale Carnegie aseguró que hay un cierto grado de satisfacción en tener el valor de admitir los errores propios porque no sólo limpia el aire de culpa y actitud defensiva, sino que a menudo ayuda a resolver el problema creado por el error.
Puedo resumir la forma en la que resolvería el conflicto creado por mis faltas con una frase de Russell: "¿Para qué repetir los errores antiguos habiendo tantos errores nuevos que cometer?"
Pues eso.
lunes, 26 de septiembre de 2011
Envejecer.
Desfallezco si no desayuno, como espinacas porque me gustan y pescado porque hay que hacerlo, sé diferenciar entre limpiasuelos y lejía, hacer la colada me cuesta 4,50, me gusta aprovechar las mañanas (y las tardes y las noches), tengo un montón de canas, uso una hidratante específica para el contorno de ojos y cuando suena The Idiot ya no me quiero suicidar.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
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