Puede que te hayas dejado llevar hasta aquí mecido por las olas o aprovechando la bajada de la pendiente. Es probable que tú ni siquiera desees encontrarte leyendo estas líneas o tal vez hayas esperado a estar a solas para encenderte un cigarrillo y te descubras en este lugar, que pertenece a ninguna parte, por propia voluntad.
Sea como fuere, ya has presenciado el crimen.
Y ahora formas parte de esto.
Ya eres Testigo de mis Errores.
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lunes, 12 de diciembre de 2011

Rumba.

Soñé que Kike no estaba muerto, que estaba de parranda.

Menudo cabreo.

viernes, 15 de julio de 2011

Dos años sin Kike.

Ya no me acuerdo de tu cara si no veo tus fotos, y aunque me esfuerzo, no consigo recordar tu olor, que reconocería entre millones. Pero conservo tu risa, la forma de tus manos, el color de tu guitarra y cómo me hacías sentir.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Feliz no cumpleaños.

Hoy Kike hubiera cumplido 30 años.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Nostalgia.

Etimologicamente, del griego, dolor de ausencia.

A veces las personas cuando se mueren se quedan a vivir con nosotros en la letra de una canción, en aquella comida tan rica o en aquella broma que todavía no acabas de entender a pesar de que han pasado más de quince años desde la primera vez que la oíste.

Hoy sonó Kike, y siempre, siempre Abuelo.

viernes, 16 de julio de 2010

16- 7- 2009

Kike se murio, hoy, hace eso de hora y media, un año, tal y como había hecho todo en su vida: como y cuando le dio la real gana. Eso sí, con un poquito menos de glamour del esperado. No se puede tener todo.

Habíamos quedado en vernos unos días después. Espero que no confiase en verme en el Averno. El dolor de la pérdida, a pesar de lo que él había vaticinado unos años antes, una tarde, mientras le pintaba los ojos y gorroneaba una botella de ginebra de mi madre, se hizo soportable, como otras tantas. Nunca pensé en ir detrás.

No voy a llevarle flores. Voy a ir a ponerle una canción. Seguro que está hasta los mismísimos de estar rodeado de viejos.

miércoles, 16 de junio de 2010

Kike.

Hace un ratito, de casualidad, entre unas fotos de hace dos veranos, encontré el vídeo que hicimos en tu casa, después de cenar, bebiendo vino.
No sé qué fue lo que me causó más impacto, el volver a oír tu voz, el recordar cómo eras mirando fijamente o el saber que, al menos en mí, has entrado hasta los huesos.
Podría decirte que te echo de menos, pero me he acostumbrado a vivir extrañándote.

Mi amigo, mi amor.

jueves, 10 de junio de 2010

Ideas estéticas.

Pensar en mirarte y temblar y volverte la espalda para sonreírme, dichosa de verme reflejada en los cristales azul oscuro-casi negro de tus gafas de sol, siempre fue mucho mejor que enredarnos entre las sábanas.

Lo que me recuerda a...


"El sentimiento de lo sublime es un sentimiento mixto. Está compuesto por un sentimiento de pena, que en su más alto grado se expresa como un escalofrío, y por un sentimiento de alegría, que puede llegar hasta el entusiasmo y, si bien no es precisamente placer, las almas refinadas lo prefieren con mucho a cualquier placer". Friedrich, De lo sublime, 1801