Puede que te hayas dejado llevar hasta aquí mecido por las olas o aprovechando la bajada de la pendiente. Es probable que tú ni siquiera desees encontrarte leyendo estas líneas o tal vez hayas esperado a estar a solas para encenderte un cigarrillo y te descubras en este lugar, que pertenece a ninguna parte, por propia voluntad.
Sea como fuere, ya has presenciado el crimen.
Y ahora formas parte de esto.
Ya eres Testigo de mis Errores.

lunes, 21 de noviembre de 2011

La sed mortal.

Me besaste, o quizás te besé yo, y el alma se me quedó como se te queda la boca después de comer dieciséis sobaos pasiegos sin beber.

Y ahora necesito que me beses otra vez.

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